CCI II – El caso del señor que se murió

Nueva Beach City amanece otra vez, como casi todos los días. Innumerables planos de gente buenorra pasándolo bien como si aquí nadie trabajse nos regalan la vista mientras hacen ambiente para que nos podamos ubicar que estamos en el glorioso paraiso de Nueva Beach City, no en Lavapiés ni en Villacagarruta del Monte, en Nueva Beach City ¿Te hemos contado ya que estamos en Nueva Beach City? ¿No? Pues ahí va un pequeño plano de un coche de policía con el escudo de la pasma de Nueva Beach City.

El Detective McKeao se encuentra ante un caso peliagudo. En un obscenamente ostentoso y lujoso hotel lleno, por alguna extraña razón, de mujeres en bikini con las tetas operadas dando vueltas por todas partes, hay un señor muerto en mital del hall.

— Menos mal que se ha muerto en el Hall… —Comenta el detective McKeao mientras se pone las gafas de sol— Porque aquí… hay jombra.

[INTRO DE LA SERIE CON MÚSICA CAÑERA A TOPE Y MÁS GENTE EN LABORATORIOS HACIENDO COMO QUE ANALIZAN COSAS CON CARA DE INTENSITOS PERO EN VERDAD ESTÁN PAPANDO MOSCAS TODOS]

— Bien, señor agente, dígame que tenemos aquí.
— Es el dueño del hotel, Tomás Millonettis Pamí. Ha aparecido en mitad del hall con 8347 puñaladas.
— ¿Sabemos la causa de la muerte?
— No, hasta que no hagamos la autopsia.
— Me lo imaginaba, ¿Sospechoso?
— Sí, el hijo. El señor Nau John Tengon Millonnettis.

El agente señala a un señor con cara de psicópata que había en una esquina. Estaba cubierto de sangre, sostenía un cuchillo enorme, y no paraba de gritar “¡POR FIN HE MATADO A ESE CERDO, AHORA ESTE IMPERIO ES MÍO!” mientras se reía malvadamente. El agente comentó:

— Este el principal sospechoso. Fue el último que lo vió con vida. Estaban solos la victima y él en el hall cuando de repente la limpiadora empezó a escuchar “por favor, por favor, no me apuñales, hijo mío, por favor, oh no, me apuñalan, oh”.
— Hum… hay algo que no encaja. El dueño del hotel muere apuñalado 9000 veces…
— 8347 —Dijo el sospechoso. — Las fuí contando conforme lo iba apuñalando.
— ¿Ve, agente? A esto me refiero. Demasiado conveniente todo. Muere apuñalado y de repente aparece el hijo cubierto con sangre de la víctima, con el arma homicida en la mano, con un motivo y una confesión. Demasiado sencillo. Además hay un detalle que no me encaja.
— ¿Cuál, detective? — Preguntó el agente con curiosidad, mientras el hijo gritaba que no sabía que había testigos y que también iba a matar a la limpiadora.
— Este muchacho… es blanco.
— Pues ahora que lo dice… sí, es cierto.
— Es blanco muy blanco. Más blanco que la teta de una monja. Más blanco que el brazo cuando te quitan la escayola. Más blanco que un oso polar. Es que es el puto Copito de Nieve, joder. No hay nada más blanco y caucásico que este señor. No… hay algo más, algo que se nos escapa.

Por la puerta pasó un señor negro vendiendo CDs piratas.

— ¡SEDÉ DE SHAKIRIA SINCO EURO SEDÉ DE FITIPALDIS SINCO EURO!
— ¡El todopoderoso nos ha regalado una señal! ¡A por él!

Y así fue como tras dieciocho horas de tortura no documentada el mantero por fin confesó sus crímenes. Fue acusado de la muerte del señor Tomás Millonettis Pamí, dueño del hotel; y de la limpiadora, la cuál apareció muerta mientras lo torturaban.

— Es evidente que usó algún tipo de vudú para apuñalar a esa mujer 6000 veces.
— 5783 veces — Le corrigió Nau John Tengon Millonettis.— Las fui contando.
— Gracias, señor Millonettis. Permítame invitarle a comer para celebrar que este caso ha sido convenientemente resuelto y a modo de disculpas por haber sido acusado injustamente de asesinato. Por favor, con lo blanco y caucásico que es usted.
— No negaré que me sentí muy atacado y violentado mientras apuñalaba a la mujer de la limpieza y esta solo hacía llamarme asesino.
— Jajajá, qué cachondo es usted. Bueno, pues caso resuelto. Y eso sin contar con la ayuda de mi estúpida y rubia ayudante, Adelaida.
— Jajajá. Por cierto, ¿dónde se encuentra su ayudante ahora, detective al que ahora mismo tengo ganas de apuñalar?
— Estará con sus cosas de mujer reglosa. JAJAJAJ…

Meanwhile, en algún lugar oculto a la vista de todo el mundo.

— Ya verás, McKeao… pronto acabaré contigooooggggnnnn…
— [PLOP].
— Madre mía, tengo que comer más fibra.

[ENDING DEL CAPÍTULO CON MÚSICA ASÍ COMO CHILLOUT PARA REBAJAR TANTA ACCIÓN]

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