El camino.

Nadie elige nacer, pero a veces sí eligen morir.

Al borde del abismo personal, al límite de tu alma, hay siempre una visión: te das cuenta de que todo lo que tienes, todas tus posesiones materiales, todas las comodidades por las que has luchado todos tus años, no valen nada. Que darías todo por volver a ver a cierta gente que se fue. Por decirle lo que nunca les dijistes, darles los besos que nunca les distes, por abrazarlas, por pedirles perdón, por repetirle cuanto las quieres, por llorar a su lado su perdida, y que ella te consuele.

Nada ni nadie puede devolverte aquello que quieres. Aquello que se ha ido.

Por qué se fueron entonces. Por qué no quisieron seguir a nuestro lado. Por qué buscaron el final. Por qué comenzaron ese sendero sin retorno, en el que solo hay oscuridad.

Quizás no le pareció tal la oscuridad comparada con la suya. Quizás no te diste cuenta. Quizás podrías haber ayudado. Quizás deberías haberlo percibido.

Pero te das cuenta de que los “por qués” y los “quizás” no sirven para nada, porque nada ni nadie puede devolverte aquello que quieres, aquello que se ha ido.

Es normal pensar que al terminar ese sendero se reencontrarán con sus seres queridos. Pero sus seres queridos han quedado atrás, echándola de menos, todos los días, hasta que un día, ellos también emprendan el camino.

Así que allá donde estés, espero que tengas suerte.

Y soñemos conque algún día todos podamos volver a vernos, a reencontrarnos, aunque solo sea un instante, al final del camino.

Adios amiga.

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