Terremoto.

Madrid. Amanece. Sin embargo no es un amanecer como el resto de amaneceres de Madrid. Este amanecer… es silencioso.

Cualquier persona esperaría a la salida del sol una Madrid llena de coches, cada uno de ellos con un conductor estresado esperando que el atasco se disipe, con miedo al pensar que si el atasco se prolonga más de 5 minutos podría perder su trabajo.

Esperaría el metro abarrotado de gente corriendo, hablando por sus móviles, con unos pocos carteristas intentando aprovecharse de estos viandantes que claramente no van pensando en el hoy y el ahora.

Esperaría tiendas abriendo con la ayuda de trabajadores sobreexplotados con sus ojos llenos de legañas.

Pero no.

En este amanecer en Madrid sólo se oye el revolotear de los pájaros mientras el sol empieza a calentar las ventanas de los altos edificios.

Hasta que el sonido de las aves también deja de oirse.

La gente se asoma a sus ventanas. Todo el mundo está extrañado por esta situación. Se dan cuentan de que no hay nadie en las calles, pero tardan más en darse cuenta de que ellos deberían de estar allí. Y no lo están. Por alguna extraña razón.

Y de repente… el suelo tiembla.

Al principio se siente como un balanceo suave en el piso. Luego comienza a intensificarse. El silencio pasa a ser estruendo cuando los muebles empiezana caer, junto con lámparas y cajones. Jarrones y fotos acaban todas por el suelo. El estruendo entonces pasa a ser sonido desgarrador, y la ventana estalla.

En las paredes comienzan a surgir grietas. La luz se va. Algunos grifos estallan con fuertes chorros, pero se cortan casi enseguida. En el suelo de las casas, protegiéndose como pueden ante la avalancha de cosas que han ido acumulando a lo largo de sus vidas, la gente puede ver como entra el denso polvo gris por la ventana, tapando al sol que acababa de salir.

Algunos edificios han colapsado. El suelo parece gritar. El cielo parece llorar. Todo se vuelve gris. Todo se desploma y se viene abajo. Todo desaparece.

Y entonces…

El silencio.

La gente se levanta. La que puede. Abren los ojos. La que puede.

El sol se empieza a colar entre el polvo y esto anima a salir a la calle.

Cuando el polvo se asienta ven que su mundo… ha cambiado.

Ya da igual los estudios que tuvieses, tu posición social, tu rutina, tu sexualidad, tu estatus económico, político, social… Todo da igual. Porque todo se ha roto.

Empiezan a moverse. En un vano intento de intentar dejarlo todo como estaba apartan escombros, van a ver como están sus coches o los sitios por donde ellos pasaban. Enseguida ven que esto no tiene sentido y empiezan a sacar a gente de entre los escombros, a pedir ayuda, a ofrecerla.

Porque todo está roto. Pero el corazón humano es indestructible.

Sólo queda levantarse y empezar de nuevo.

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